Publicado endiciembre

Somos polvo de estrellas

diciembre 3rd, 2013   •   sin comentarios   

En este interminable paraje de aprendizaje sobre la diversidad de estilos comunicacionales, codificaciones y decodificaciones vivenciales, he ido introduciéndome en las neurociencias y más específicamente en la psiconeurología y sus redes asociadas. Me he ido zambullendo en el mundo donde se entrelazan y asocian las emociones, la mente y la neurofiosología , lo que desde mi interpretación y estudios, constituyen uno de los espacios vitales desde donde se gestan y refuerzan nuestros patrones conductuales y socioemocionales, los que son modificados y/o reforzados por nuestro entorno, aceptando ya la creencia fáctica que estamos en constante influencia recíproca (nosotros/otros/medio ambiente).
En este contexto, he estado investigando hace ya tiempo, sobre las bases científicas de una de las recurrentes estrategias de la PNL para instaurar o modificar nuevas conductas; ésta es la de simular una vivencia, “como si” fuese realidad. Para ello, la PNL incorpora las percepciones sensoriales (sentir, oler, visualizar, escuchar) como estrategias claves . La estimulación sensorial producirá una reacción emocional la que es gatillada por el corazón (el que produce energías eléctricas y magnéticas 100 y 5.000 más poderosas que las del cerebro, respectivamente) y que impactarán consecuentemente en el tipo de pensamiento (la interpretación de la experiencia) producida por la mente, desencadenando a su vez reacciones biológicas en el cuerpo.
En esta secuencia de reacciones, cabe hacer notar que, de acuerdo con los nuevos planteamientos científicos (por ejemplo la interpretación de Copenhague), las partículas subatómicas de las cuales estamos constituidos (materia) no son sólidas, sino “pequeñas nubes de probabilidades” (Mc Taggart,2009), las cuales están interconectadas desde incluso antes del inicio del universo (el espacio de interconexión es hoy comúnmente denominado como “campo”). Así entonces, para realizar un cambio en la materia (nosotros, nuestra circunstancia), habremos de cambiar la energía del corazón (energías eléctricas y magnéticas), osea…, nuestras emociones y sentimientos (las que se derivan de dos emociones básicas; amor y temor), como así también tener presente que la imaginación (pensamientos) juega un rol vital en nuestra interpretación de mundo. Sin embargo no estoy tan segura que tengamos claro la criticidad del efecto de nuestras emociones y sentimientos (corazón) en la construcción de nuestra realidad o deseos.
De acuerdo a la calidad de la emoción/sentimientos que vivenciemos (amor/ emociones positivas; temor/emociones negativas o sus derivados) enviaremos señales cerebrales determinantes que desencadenarán, por ejemplo, en secreción de cortisol (indicación de peligro, estrés) o serotonina (placer), afectando radicalmente la materia. Es decir, nuestros pensamientos (creados a partir se emociones o sentimientos) traducen la energía (ondas electromagnéticas) producida por nuestros sentimientos a materia visible. Entonces es clave generar y propiciarnos experiencias (pasadas o ficticias) positivas para sostener un equilibrio (homeostasis) en nuestra vida e incidir positivamente en la calidad de la manifestación de nuestras intenciones.
Se me ocurre sintetizarlo en un ejemplo personal, cuando, estando recién egresada trabajaba en una mina al interior de Antofagasta y a mediados del año comencé a decir a mis compañeros que me iría en enero del año siguiente a estudiar un posgrado en Santiago. Por meses estudié las alternativas académicas; las universidades y las áreas de mi interés. Me ocupé de cada detalle y me “sentía” y visualizaba en detalle en el lugar donde trabajaría y estudiaría. Ciertamente el “campo”, representado en ese entonces por mi entorno laboral altamente favorable, era un aliado para poder abocarme (mental y emocionalmente) sin mayores distractores a este emprendimiento.
A mediados de diciembre me llama un ex compañero desde Santiago y me comenta que su empresa, otra minera, estaba buscando una persona con mi perfil. Dos días de entrevistas fueron suficientes para que en enero del año siguiente estuviese en Santiago, matriculándome en mi pos grado y con un contrato en mano.
El tiempo de “preparación” en la búsqueda de universidad y la convicción sostenida en la visualización de mis objetivos, como si ya estuviesen cumplidos (venirme a Santiago, tener empleo y estudiar) fueron la clave para alinear mis sentimientos (corazón) con mis pensamientos (mente) y consecuentemente producir el cambio en la materia (hacer realidad mi venida a Santiago bajo las condiciones antes mencionadas).
Otra historia hubiese sido si me hubiese orientado al problema al plantearme este objetivo; como por ejemplo el hecho de no contar en ese momento con redes en Santiago, la lejanía de mi familia, el costo del posgrado, etc. En ese caso, las señales que hubiese enviado desde mi corazón al cerebro (mente) hubiesen sido de temor y desazón y consecuentemente hubiese impacto negativamente, por ejemplo, mi estado anímico e inmunitario.
La mente es energía. Cuando sientes y piensas transmites energía que desencadena procesos psiconeurológicos que incidirán en la calidad de tu bienestar.
Cierta estoy que, cada cual actúa desde su libre albedrío. Sin embargo, el tema es hacernos consciente del efecto de nuestras emociones en la calidad material, emocional y espiritual de nuestras vidas.