Adiestrando mi Mente

4 de noviembre, 2013   •   sin comentarios   

Parte de mi quehacer laboral tiene relación con realizar sesiones de Coach a profesionales que desean un cambio en su vida laboral; a colaborar en la inducción local y laboral a profesionales extranjeros que ven en nuestro país una posibilidad cierta de desarrollo integral y a jóvenes que recién han egresado de la enseñanza superior, que están en búsqueda de distinciones para evaluar lo que estudiarán.

En todos ellos, a pesar de su diversidad, los moviliza una intención hacia un objetivo. Todos ellos llegan a la sesión predispuestos, abiertos a integrar distinciones, recursos que están en sus propio sistema de vida y que con un poco de orientación identificarán para potenciar y/o modificar su repertorio de conductas presentes, impactando sus resultados futuros, si es que toman consciencia y perseveran en entrenar o re-entrenar su mente, su cuerpo y consecuentemente sus creencias.

A raíz de estos acompañamientos y mis clases en el área de Desarrollo Organizacional con PNL en estamentos hospitalarios, me surge la inquietud de compartirles un sinfín de reflexiones en esta línea, pero asumiendo mi propia tarea recurrente de focalización y de entregar un aporte concreto y sintético, quisiera detenerme en lo que siento es esencial para alinearnos con un objetivo; el tema de la atención y dirección de nuestra energía (lo que sería equivalente a direccionar la pequeña corriente de luz que todos emanamos, de acuerdo al científico Fritz Popp) , lo que en términos simples entendemos como focalización. Tema que además considero interesante, ya que aproximadamente el 8% de nuestra población tiene déficit atencional, condición que se puede entrenar, por cierto.

Para enmarcar brevemente lo anterior, diremos que estamos siendo testigos de una revolución científica en torno a las leyes de Newton.

En simple…, tenemos cincuenta trillones de células en nuestro cuerpo que interactúan en forma constante y recíproca y los últimos descubrimientos referente a las partículas subatómicas dan cuenta que éstas no son estable ni sólidas, que se influyen recíprocamente al estar en constante interacción con otras y que a su vez se ven influenciadas no sólo por el estímulo del medio (contexto), sino por la interpretación del observador.

¿Qué quiere decir todo esto?, que la interpretación de la experiencia (mediada por la biología personal y por los recursos) determina la calidad de nuestras vivencias. Entonces, lo primero que hay que tener presente al plantearnos un objetivo, previo al entrenamiento de la mente en forma consciente es preguntarse si el objetivo deseado es ecológico (sano/nutritivo) para mi sistema. Me parece importante que reflexionemos con nuestro propio sistema cómo se sentiría una vez alcanzado el objetivo. ¿Qué demandas nos impondrá esta aventura?; ¿desde donde surge este objetivo?. A veces, seguimos patrones conductuales motivados por la moda, una conducta de un amigo que nos parece atractiva de imitar o lo hacemos por aumentar nuestras riquezas materiales, sin evaluar a cabilidad el impacto que podría tener en nuestro bienestar integral (tal vez un esfuerzo intelectual o físico desbordante; descuido de tus tareas domésticas, inversión no presupuestada, etc), impactando nuestra homeostasis o equilibrio integral (biológico/mental, agregando espiritual), con un sinfín de consecuencias, entre ellas, un posible estrés.

Es por ello que es conveniente precisar en forma realista y contextualizada el alcance de los objetivos (los para qué y cómo); tal vez realizar una lista te ayude a observarlos.

En este contexto, se me viene a la mente una vecina de mi condominio; una señora bastante mayor que, cada mañana la veo salir muy arreglada, como si fuese a trabajar. En ciertas ocasiones, cuando lo amerita el tiempo o su cuerpo, integra a su rutina mañanera un bastón; un paraguas o un quitasol.

Un día me acerqué, curiosa por saber hacia donde se dirigía, ofreciéndole llevarla en el auto. Sin embargo, no sólo quedé sorprendida al enterarme que estaba cercana a los noventa años y que “sólo” iba a comprar el pan, tres cuadras a distancia de nuestro hogar, actividad que utiliza como una buena excusa para dar agilidad a su cuerpo y para interactuar con disímiles personas que enriquecen su mente y su vida, lo que le permitía estar actualizada de las contingencias nacionales y mantener además, una buena calidad de vida. Entonces, entendiendo que este objetivo recurrente (ir a comprar el pan) es ecológica para mi vecina, me puse a pensar cómo se insertaba acá el tema de la atención y dirección de energía para que llevara a cabo su objetivo de forma exitosa diariamente. Al saber que había sido deportista, me doy cuenta que ella tiene claro la incidencia que tiene en su bienestar integral, el realizar una actividad física. Entonces, por su edad, se impuso un objetivo realista (caminar 3 cuadras de ida y devuelta hacia la panadería), integró recursos (bastón, quitasol o paraguas) que la ayudan a mantener su dirección hacia el objetivo y a pesar que se detiene a conversar con varias personas (conserje, vendedor diarios, vecinos, etc), tiene claro que tiene que volver con el pan para el desayuno, por tanto mantiene la atención del tiempo que emplea en cada una de las actividades hacia/desde la panadería.

Sin proponérselo, mi vecina me entregó una hermosa reflexión, enmarcada por la científica Lynne Nc Taggart en su libro “El experimento de la intención”, referida a que “Las personas más eficaces son aquellas que han adiestrado sus mentes, al igual que los deportistas han adiestrado su cuerpo, para maximizar sus posibilidades de éxito” (Mc Taggart, 2009), entendiendo por mente como la mezcla del intelecto, los sentimientos y el espíritu; que por defecto, se espejean en el cuerpo. En síntesis, entrenar nuestra disciplina interna.

Ciertamente, puedo entender ahora el porqué de la calidad de vida de mi vecina…

Cecilia Carrasco Cruz

Mg. Gestión y Personas (MAGRHUM)

Master/Trainer en PNL

Autora libro Disfasia: Sembrando Nuevas Creencias

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