El poder del pensamiento

Por largos años me he entrenado en el ámbito de la Neurolingüística, lo que me permitió empezar a entender  las implicancias y relaciones que existe entre la biología (específicamente la neurobiología) y nuestras percepciones , las cuales conjuntamente van conformando nuestras decodificaciones, apreciaciones y emociones diarias, respecto del mundo (material/espiritual o emocional) en que participamos.

Desde este conocimiento, comprendí algunas situaciones que anteriormente me costaba integrar; como, por ejemplo,  la diferencia de opiniones sobre la  belleza del Norte chileno, especialmente entre una persona residente y uno que recién llega. Por un lado, los que han crecido o vivido por mucho tiempo en esta zona, aprendieron en forma natural o por aprendizaje vicario (imitando a su pares y entorno social)  a descubrir y disfrutar la belleza “encubierta” de estos parajes, como por ejemplo la infinitud de texturas y colores de sus cerros; la calidez de sus aguas y su ecosistema, que pareciera estar oculta, al menos en un inicio, para los que recién arriban a esta zona, especialmente si previamente no han sido informados sobre las peculiaridades de su paisaje. Estos últimos requerirán de un tiempo para poder acostumbrar sus percepciones a estímulos diferentes a los de su repertorio cotidiano y ya instaurado en su inconsciente (paisajes diferentes a los del desierto).  Por el contrario, si antes del viaje buscan información, fotografías y se “empapan” de la zona, estarán utilizando estrategias para condicionar su inconsciente en forma más direccionada y probablemente puedan percibir con mayor rapidez alguna de las bellezas de esta zona.

Así por ejemplo, si tengo que trasladarme al norte por trabajo y, previamente hago una lista de todos los beneficios que me traerá a mi y a mi familia y los lugares que podremos visitar gracias a este traslado (información, recompensas positivas), me será mucho más fácil acostumbrarme y al llegar podré estar más receptiva al paisaje que me da la bienvenida. Si por el contrario, pensamos es un castigo, una lata o la única oportunidad laboral que tenemos, adivinen  qué pensaremos/sentiremos al  llegar…

Me parece interesante analizar este fenómeno con parte de mis recientes aprendizajes del libro de ejercicios de “Un Curso de Milagros” (Allen Watson), donde en una de sus lecciones (16) se estipula que “ Todo lo que ves es el resultado de tus pensamientos”, sin excepción; agregando que “…ningún pensamiento carece de efectos” y que “Cada pensamiento de nuestra mente está produciendo algo todo el tiempo…”.

Richard  Stengel, autor del  libro “El Legado de Mandela”, afirma que durante sus extensas entrevistas en los dos años de acompañamiento periodístico a Nelson Mandela, líder internacionalmente indiscutible, entendió cómo un hombre inicialmente vehemente se convirtió en el líder que todos conocemos y reconocemos. Mandela, le habría comentado que su mejor Mentor en su transformación, habían sido  sus 27 años de presidio y que el haber estado confinado en una pequeña celda  los primeros años, le permitió  re-encuadrar las circunstancias aparentemente adversas para transformarlas en un aliado. Esos largos años de “encarcelamiento”, le permitieron instruirse en una diversidad de temas que incidieron favorablemente en su cambio de conductas y creencias, pudiendo darle un significado relevante a su contexto (encierro), todo lo cual impactó positivamente en el estilo de liderazgo que comenzó a surgir lentamente en el transcurso de esos años. Mandela construyó una rutina diaria (lecturas de temas disímiles, ejercicios físicos, etc)  que le permitieron no sólo mantenerse saludable (mental/físicamente) sino instaurar nuevas estrategias que colaboraron en su objetivo final; terminar con el Apartheid. Estas circunstancias, aparentemente de condiciones extremas, le otorgaron el espacio y tiempo necesario para, por ejemplo, elegir, preparar y entrenar cada una de las palabras que conformarían el inicio de las negociaciones del término del Apartheid; su primera reunión con el entonces  Presidente de Sudáfrica, estando todavía en prisión.

En este contexto es atingente mencionar que es importante darnos cuenta que todos nuestros pensamientos  son los causantes de los efectos de nuestro mundo (imaginario/mental y real). “Piensas que los acontecimientos externos causan que veas ciertas cosas, pero de hecho son tus pensamientos los que causan lo que ves (tus percepciones)” (lección 17, curso de Milagros).

En el caso de los años de presidio de Mandela, podemos darnos cuenta que, tal como él lo declaró en varias oportunidades, esos años fueron un recurso que supo utilizar como parte crítica de su repertorio de estrategias para un cambio radical de  su persona y estilo de liderazgo inicial (vehemente y agresivo) . El tiempo de aparente “ociosidad” lo utilizó para re-entrenarse en forma consciente y persistente,  instaurando por ejemplo una rutina de ejercicios diarios que lo ayudaban a despejar su mente y mantenerse en forma; convirtiéndose en un voraz lector de una variedad de temas que le permitieron,  por ejemplo, entender y empatizar con  los líderes de opinión de las autoridades regentes de Sudáfrica  de ese entonces, todo lo cual integró en forma persistente  por veintisiete años.

Mandela aprendió a identificar y cambiar aquellos pensamientos que se desviaban de su objetivo en forma constante. Por ejemplo, su inicial reacción agresiva a los tratos humillantes de sus captores, fueron lentamente reemplazados por breves conversaciones empáticas, gracias al entendimiento que le dieron sus lecturas sobre el bajo nivel socio/educacional de sus captores. Aprendió primero a identificar los pensamientos “negativos/adversos” que surgían de su inconsciente (impulso de reacción agresiva ante una agresión); lo que lo instó a sostener su rutina de estrategias para reemplazarlos, teniendo siempre claro su objetivo final (término del Apartheid). La diversidad de estrategias (lecturas, ejercicios diarios, etc) le permitieron cambiar su percepción de realidad presente y visualizar el futuro que esperaba para toda su nación. Según Richard Stengel, lo importante para Mandela no era la velocidad de las decisiones que tomaba, sino la dirección de las mismas, enfatizando que la rapidez no es lo que nos hace audaces, sino que para alcanzar el objetivo había que adoptar una perspectiva amplia, lo que exigía “estar dispuesto a cambiar profundas convicciones”, sosteniendo el ensayo de estas nuevas conductas en el tiempo (por ejemplo, sus lecturas y secuencia de ejercicios diarios).

Después de leer este libro, me quedo pensando… sobre la magnitud que implica el estar disponible para cambiar en consciencia nuestras “profundas convicciones”.

Entonces…, si a Mandela le tomó 27 años una transformación integral, me pregunto: ¿Qué profundas convicciones que comandan y  te sostienen en conductas equívocas para tu bienestar en tu vida, estás dispuesto a cambiar?. Todo lo que ves es el resultado de tus pensamientos. En esto no hay excepciones. No veo cosas neutras porque no tengo pensamientos neutros.  “El pensamiento siempre tiene lugar primero, a pesar de la tentación de creer que es al contrario “(lección 17, curso de Milagros).

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